Algo huele a podrido

No puedo dejar de expresar mi hartazgo, aunque os importe bien poco, ante la estupidez a la que nos lleva el último movimiento feminista. Desgraciadamente, como casi siempre, la izquierda radical parece que monopoliza y hace suya la petición de igualdad entre géneros. Nunca más lejos de la realidad pues su condición sectaria le incapacita, o debiera incapacitarla, para liderar cualquier acción que signifique igualdad. Si no fuera por lo serio de la situación podríamos echarnos unas risas viendo cómo compiten entre ellos mismos por decir la estupidez más grande. La señora Carmena ha llegado a decir que el hombre, no como especie sino como género, lleva implícito el gen de la violencia. Con un par, tal vez no ha reparado, por ejemplo, que al menos la mitad de los asesinatos de niños han sido cometidos por sus propias madres o, como en el triste caso de Gabriel, mujeres con un rol próximo. Pero esta no es la más grave, CC.OO. publica sin el menor rubor un documento que recoge “ideas” para convertir los colegios en espacios feministas. Con dos pares, desheterosexualizar la escuela sustituyendo los nombres de los colegios por nombres de mujeres representativas y prohibiendo autores considerados (por ‘elles’, claro) machistas. Con tres pares, en pleno delirium tremens, cambiar el idioma usando el femenino o la letra “e” en el género neutro (en vez de todos, ‘todes’). Con cuatro pares, prohibiendo el futbol en los patios de los colegios para crear un espacio común transitable y amigable.  El sindicato se desvincula de la publicación que lleva su logotipo oficial, únicamente me gustaría ver en su contabilidad de donde provienen los fondos para publicar semejante estupidez totalitaria, me temo que con los impuestos de todos.

La Santa Inquisición Feminista cuenta para la difusión de su mensaje con una legión de periodistas, profesión venida a menos día tras día a tenor de la desinformación y el sectarismo del que hacen gala, quiero suponer, en parte por la inercia de la línea editorial marcada por sus mandos. Un movimiento noble como el feminismo, cuyo objetivo no es otro que la igualdad, fue secuestrado por el marxismo hace ya muchos años. Se ha adoptado la retórica empleada en la lucha de clases para la lucha contra la desigualdad de género, quedando atrapado el movimiento en un bucle de extremismo sin sentido cuyo único fin es el enfrentamiento entre sexos. Y les ha salido bien, contamos con una Ley en la que el hombre queda marcado como delincuente sin presunción de inocencia, en la que las denuncias falsas se tapan en su mayoría, una ley que desprecia la condición de padre y le relega a un segundo plano. Todo en busca de la protección necesaria para las potenciales víctimas de un machismo execrable, pero que se ha mostrado ineficaz en su objetivo además de ser un paradigma de desigualdad. Hasta ha habido “defensores” de la última asesina, considerada culpable por las hordas fascistas al ser mujer, inmigrante y de color, con cinco pares…

Dicho esto, ¡¡¡basta ya!!! No soy un agresor de mujeres, ni de niños, estoy completamente de acuerdo con la eliminación de cualquier brecha salarial en puestos de igual condición, igualmente en la liberación de la mujer respecto al trabajo asistencial propio de otras épocas, en definitiva, de cualquier impedimento a la igualdad entre hombres y mujeres. Aun así no pediré la paridad en el funcionariado de la Comunidad, ni en la enseñanza, donde son mayoría las mujeres, creo en la meritocracia. Soy un hombre, nunca más que una mujer, nunca menos.

 

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