Los que reparten carnés de demócratas y escarapelas de fascistas, están llegando a un nivel de tal bajeza intelectual y humana que no podemos debemos callarnos. La tercera capital más segura de Europa ha vivido estos días en uno de sus barrios la violencia producida por la frustración de un colectivo. Violencia que se vio agravada por la participación de los antisistema de siempre y las declaraciones de dirigentes políticos irresponsables en cuyo ADN está implícito el sectarismo y el odio irracional hacia lo que no comulga con sus ideas. Aquellos que piden tranquilidad cuando hay que tomar decisiones en un contexto como el del asesinato del pobre Gabriel, pero anuncian investigaciones y piden que se depuren responsabilidades, sembrando así la duda sobre la actuación policial cuando un ciudadano senegalés muere de un infarto en la calle. Este tipo de actuaciones evidencia la moral que rige a la hora de tomar sus decisiones. No hace mucho tiempo pasé por el kilómetro cero, la política de permisividad del Ayuntamiento hacia la actividad de los manteros es de sobra conocida, pero me sorprendió que hubiera zonas en las que el peatón disponía de menos acera que el muestrario de los vendedores ilegales. Y esto último deberíamos remarcarlo, ilegales. El último eslabón de todo un negocio multimillonario de falsificaciones que, además de no aportar ni un céntimo en impuestos y poner en peligro los puestos de trabajo de los negocios a su alrededor, oculta la violencia implícita en cualquier mafia. Las primeras víctimas son los propios vendedores que se aferran a ese trabajo al no disponer de otro medio de vida, en cierta forma tenía razón el payaso (perdónenme los profesionales del circo) del concejal de economía al afirmar que Mame Mbaye había sido una víctima del sistema capitalista. Con el sistema preferido del concejal, Mbaye y sus compañeros no se habrían jugado la vida en el largo y peligroso viaje desde la costa occidental africana hasta España, nuestra situación no sería atractiva para ningún migrante. Estupideces aparte, lo mínimo que podemos debemos pedir a esta banda, es que antes de escupir letras en twitter se informen de lo ocurrido, ya no son aquellos ‘desgarramantas’ que se encontraban en la calle o entraban en algún lugar de culto (por supuesto católico) gritando con el pecho desnudo, ahora viven del cuento con cargos de responsabilidad y poder suficiente para levantar el teléfono y encontrar respuestas de forma inmediata. Pero su verdadero yo les puede, cogen el teléfono y esparcen su mierda sin importar las consecuencias. Al fin y al cabo, su deseo es derribar el sistema, no proteger a quien sirve en él; su paso por las Instituciones es solo un medio para llegar a su ansiado fin. Lo que parece que no han calculado bien es la fortaleza de dicho sistema, su temporalidad va a ser tan efímera que difícilmente llegarán a la victoria. Siempre y cuando, claro, los ciudadanos abran los ojos y busquen alternativas. Barrios obreros maltratados por exiguas ejecuciones presupuestarias, servicios deteriorados por cancelaciones de contratos, pero con un discurso político intacto carente del pragmatismo necesario a la hora de un buen gobierno, que no es ni más ni menos que gobernar por y para todos los ciudadanos. Incluidos aquellos a los que indiscriminadamente (nos) llaman fascistas, xenófobos y capitalistas, causantes del heteropatriarcado opresor de la mujer y de todos los males de la humanidad. En mi caso, fascista por estar al lado del que defiende la ley y no del que quema mobiliario urbano; xenófobo por pretender una inmigración controlada que no forme guetos y combata las mafias; capitalista por defender la propiedad y creer en el desarrollo personal a través del trabajo y el mérito; machista opresor por creer en la igualdad de oportunidades entre sexos sin primar desigualdades frente a la mujer. Todo un deshecho de la sociedad.

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